10 enero 2022

Días de albahaca


Sin duda, la música y las canciones de La Ronda de Boltaña constituyen la banda sonora de una parte de mi vida. Coincidió su aparición con la época de crianza. Su primer disco se publicó en 1996 y cuando Jorge tenía poco más de dos años, mi hermana lo trajo, entonces en forma de casette, a Durango. La Ronda era savia nueva en el panorama de la música popular aragonesa. Sus canciones eran alegres, pegadizas y un tanto reivindicativas. Pronto nos aprendimos las letras y, cuando nos juntábamos en aquellas excursiones tan llenas de ilusión y con nuestros pequeños mocosos, eran las primeras que entonábamos como una coral improvisada.

Coincidí por aquella época con José María Campo, director entonces del Instituto Aragonés de Estadística. Él, natural de Mediano, había sufrido en sus propias carnes (o, tal vez, en las de sus padres) el exilio forzoso de un pueblo anegado por las aguas del embalse que dio al traste con la pequeña aldea de sus antepasados. La Ronda contaba y cantaba historias parecidas en su "Habanera triste". Historias con las que se identificaba José María Campo, devoto de los "Rondadores" y que, imagino, le servirían para sobrellevar mejor la pérdida de su idealizado paraíso.

He elegido "Días de albahaca" del primer disco porque cuando escuchaba, allá lejos en Durango, aquella frase: "Que lentas pasan las tardadas de invierno cuando me vienes al pensamiento. El calendario, niña, es como un desierto que para verte he de cruzar", me entraba una nostalgia terrible del terruño que habíamos tenido que abandonar y, aunque en el País Vasco estábamos a gusto, no podía dejar de pensar que para volver a "casa" tendría que pasar un tiempo que, además de indefinido, muchas veces discurría demasiado lento.

Letra

¡Que lentas pasan las tardadas de invierno
pensando en los hijos que andan lejos!
Por las alcobas vacías gime el viento
mientras tú coses junto al hogar.
Y en ese rincón a salvo de los hielos
donde tus plantas sueles guardar,
Las ves secas y piensas mirando al cielo
si la primavera volverá.
Pronto estaremos juntos, y estallará la fiesta;
sin darnos cuenta, la albahaca reverdeció.
Como brillan tus ojos, seca esa glarimeta,
saca el pañuelo y al invierno dile adiós.
Échame madre, échame un ramico de albahaca
de esa maceta que tienes en el balcón,
fresca como el rocío, albahaca perfumada,
un beso que Huesca y tú, me dais con amor.
Échanos madre, échanos ramicos de albahaca,
de ronda venimos mis amigos y yo,
que aunque no oigas cohetes ni repiquen campanas,
si huele a albahaca es fiesta en el Altoaragón.
...
¡Que lentas pasan las tardadas de invierno
cuando me vienes al pensamiento!
El calendario, niña, es como un desierto
que para verte he de cruzar.
Y aunque estas tan lejos y hace tanto tiempo,
no creas que he podido olvidar
el aroma de la albahaca y de tu pelo,
la seda negra de tu mirar.
Pronto estaremos juntos y estallará la fiesta;
sin darnos cuenta, la albahaca reverdeció.
Como brillan tus ojos, seca esa glarimeta,
saca el pañuelo y al invierno dile adiós.
Échame niña, échame un ramico de albahaca
de esa maceta que tienes en el balcón,
fresca como el rocío, albahaca perfumada,
un beso que Huesca y tú, me dais con amor.
Échanos niña, échanos ramicos de albahaca,
de ronda venimos mis amigos y yo,
que aunque no oigas cohetes, ni repiquen campanas,
si huele a albahaca es fiesta en el Altoaragón
...
Échanos niña, échanos ramicos de albahaca,
de ronda venimos, mis amigos y yo,
que aunque no oigas cohetes, ni repiquen campanas,
si huele a albahaca es fiesta en el Altoaragón;
si huele a albahaca es fiesta en el Altoaragón.
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